martes, 5 de marzo de 2013

¿Hacer o no hacer?


Hace poco mas de dos años decidí estudiar derecho. Tenía algunos años de haber terminado de estudiar la maestría y parecía una buena opción por las facilidades que me daba: un sistema abierto, con clases los sábados y con el material necesario para trabajar durante la semana en los momentos que yo pudiera dedicarle. Tengo que confesar que cuando llegó el momento de elegir carrera, al terminar la preparatoria, estaba indecisa entre comunicación y medicina y, aunque la abogacía no estaba entre mis primeras opciones, tenía algo que me llamaba la atención. Por eso, cuando consideré estudiar una segunda licenciatura, la de Leyes se me hacía una buena opción.

Desde el día que entré a la Universidad hasta el día de hoy, he escuchado los más variados comentarios con respecto a los abogados, lo cierto es que la abogacía es una de las carreras con un estereotipo muy marcado y fijado en el consciente colectivo: la corrupción.

En todas las clases, los maestros y profesores nos mencionan la importancia de ser un buen abogado, con ética y profesionalismo, que pueda honrar la profesión… Nos recalcan la importancia de no caer en tentaciones de dinero y corrupción, como “muchos otros compañeros” que han desprestigiado la práctica del derecho. El asunto de la rectitud profesional suele ser un tema recurrente en las discusiones grupales… supongo que lo es en todas las universidades y con todos los alumnos. Yo recuerdo, cuando estudié Ciencias de la Comunicación, que había una materia que se llamaba Ética Profesional; mis alumnos llevarán una materia con el mismo nombre, pero no existe un código de ética, como tal, que nos rija. Con los abogados, si existe un Código de Ética, que emite la Barra de Abogados; sin embargo, a los estudiantes no se les enseña ética profesional, o al menos no la estudian como materia.

Siempre he sido muy crítica en cuestiones de ética, personal y profesional y siempre he pensado que una no está distante de la otra, son complementarias. Me esmero en ser congruente, entre lo que digo y lo que hago y trato de que esa ética y esa congruencia se repita entre mis alumnos, con sus propias creencias y valores. La ética consiste en poner en práctica los valores de convivencia. Desde mi punto de vista, todo este asunto se resume a una frase: No hagas lo que no quieras que te hagan. Se trata de educación, empatía y cordialidad; de creer en lo que hacemos y hacerlo bien. Los valores no se han perdido, ni se perderán. Han evolucionado, como lo ha hecho la sociedad y como lo ha hecho la práctica del Derecho.
La ética no se aprende en la universidad, se obtiene de la vida.

1 comentario:

  1. Ojala te vaya super bien, de lo poco que pude conocer de ti, fue que eres una mujer trabajadora y siempre en movimiento, quiza por eso decidiste irte sin avisar, sin dejar que ningun motivo te atara, para cumplir con ese destino que ahora te tiene en esos rumbos.

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