martes, 5 de marzo de 2013

Haciendo Justicia


Mi carrera profesional la he desempeñado, en su mayoría, en el servicio público. Es un área de total oportunidad: hay tantos vicios entre los servidores públicos que siempre se puede mejorar el trabajo que se realiza. Debido a mi formación, me he enfocado a áreas de comunicación, imagen, marketing e investigación social. Gracias a mi desempeño como servidor público, me he podido percatar, de primera mano, de las injusticias que continuamente se cometen, ya sea por racismo, ignorancia, discriminación o cualquier otra forma de hacer menos a los iguales. Me ha tocado ver cómo hay niños maltratados por sus padres, señoras violentadas, ancianos cuyos hijos los han abandonado y muchos casos de este tipo; cuando se trabaja en áreas sociales esto es muy común.

Recuerdo que, hace ya varios años, estaba haciendo un servicio social en el Hospital Infantil, al igual que varios compañeros de la preparatoria. En retrospectiva me doy cuenta que no aportaba mucho a la institución, pero quizá con los pacientes y sus familiares era distinto, ya que nos dedicábamos a jugar con los niños enfermos. Ahí me topé con varias personas que me marcaron. Una de esas personas era un niño de entre 8 y 10 años que se llamaba Ángel. Estaba enfermo pero aún no había un diagnóstico certero, sin embargo era un hecho que sufría de problemas gastrointestinales. Ángel siempre estaba acompañado de su mamá o de su papá, o de ambos. Eran dos personas amables, educadas y con un gran amor hacia su hijo. Nosotros íbamos al hospital cada sábado y siempre dedicábamos un momento para Ángel y para sus papás. Poco a poco nos ganamos la confianza de ellos, el niño era muy alegre y le encantaban los dulces. Gracias a esa familiaridad que llegamos a tener, me pude enterar de la verdadera historia de aquel angelito: los señores que conocía no eran sus padres biológicos. Su madre era prostituta y no quería al niño; su padre no se sabía quién era. Debido a que Ángel era un niño no deseado, sufría abusos desde que era bebé, hasta que un buen día, la señora decidió dejar a Ángel con la pareja que yo conocía. Al parecer, cuando esto pasó, el niño tenía ya dos o tres años. Sus padres lo acogieron como de la familia y él se crió como un niño feliz. Cuentan los señores que la pesadilla comenzó cuando llevaron a Ángel a su presentación ante la iglesia. Mientras estaban festejando, él se sintió mal y comenzó con vómitos continuos. Desde entonces no habían parado de entrar y salir del hospital y de los consultorios de doctores, sin embargo parecía que ya estaba mucho mejor. Así pasó algún tiempo.
Uno de esos sábados que llegué a saludar al pequeño Ángel, lo encontré muy mal, inquieto y llorando. Lo que más me impactó fue ver a sus papás, angustiados y preocupados por su hijo. El niño había empeorado y ya no podía comer nada. Una semana después ya lo tenían aislado porque habían detectado que era portador del VIH, nosotros ya no podíamos verlo y a sus papás se les restringía la entrada. La mamá de Ángel estaba desesperada y llorando nos contó, a otra compañera y a mi, que había tratado de contactar a la verdadera madre, pero que ella, en pocas palabras le dijo que lo que le pasara al niño le tenía sin cuidado. Había problemas para dar el consentimiento a procedimientos quirúrgicos ya que ellos no eran los verdaderos padres y no tenían el poder legal de decidir sobre el niño.
Al sábado siguiente Ángel ya no estaba… había muerto. Nunca volví a ver a los señores y nunca supe qué fue de ellos. Eso pasó hace 12 años y aún lo recuerdo perfectamente. En retrospectiva veo que esos sábados fueron los que me abrieron los ojos y me sacaron de la esfera de cristal en la que siempre me había desenvuelto. Me di cuenta que en la vida se cometen muchas injusticias y que, son tantas y tan seguidas, que ahora ya nos parecen comunes, como si así se tuviera que vivir.
Ahora que estudio Derecho, la palabra justicia ha cobrado mayor importancia. Como dice José Campillo en el libro Introducción a la Ética Profesional del Abogado, definitivamente la elección de una profesión corresponde a una vocación. La mía, siempre ha sido el estudio de las ciencias sociales. Retomando lo que comentaba al inicio de este ensayo, en mi carrera laboral me ha tocado enfrentarme a miles de casos injustos y siempre había sentido la impotencia de no poder hacer nada, por mi ignorancia ante las leyes y los procedimientos jurídicos. Ahora me doy cuenta de mi gran interés por contribuir y buscar la justicia.
José Campillo establece que la moral y la ética van de la mano. Habla sobre la probidad en el abogado, la honradez y la rectitud que se debe tener y sobre la decisión que se debe tomar al aceptar un caso o no, cuando éste contravenga las creencias de cada quien… y pone el ejemplo de una persona que se confiesa ante su abogado por los crímenes atroces que cometió. Actualmente vivimos en una sociedad en la que pareciera que han desaparecido los valores morales entre las personas. Yo no creo que sea así. Considero que los valores han evolucionado, como lo ha hecho la misma sociedad. Soy fiel seguidora del desarrollo humano y del pensamiento crítico, sé que son herramientas necesarias en las áreas sociales y que nos permiten identificar todos los escenarios y tomar mejores decisiones. Ya he comentado que, a mi parecer, hace falta en la currícula académica del derecho, alguna materia de ética profesional. También considero que es necesario aplicar el pensamiento crítico en el ejercicio del derecho, lo cual nos va a permitir tener una mejor aplicación y creación de las leyes.
Ser abogado en estos días no es fácil, se está sujeto a riesgos que pueden afectarnos o a nuestros seres queridos; también nos tenemos que enfrentar a los estereotipos y a los chistes inevitables de la profesión del derecho. En el libro Introducción a la Ética Profesional del Abogado se menciona que en la antigüedad, un abogado era una persona con amplio reconocimiento y respeto entre la sociedad. ¿Qué pasó con esa imagen? ¿en qué momento de la historia nos volvimos tramposos, poco profesionales y corruptos?
Vivimos una etapa social en que estamos redescubriendo los valores que tenían nuestros abuelos, en la que la palabra justicia ha cobrado vida propia. Este es el momento en el que los abogados podemos y tenemos que demostrar que la profesión es humana, sensible, social, justa… es momento de buscar y hacer justicia, empecemos por dársela a nuestra profesión.

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