El
lunes pasado se cumplió un año de las elecciones. Se hicieron sendos festejos,
uno en la Casa del Pueblo, otro en el parque de La Mejorada y yo sigo sin
entender esta moda de festejar que se ganó. ¿Apoco usted festeja todos los años
el día que empezó a trabajar en su actual empleo? Entiendo que es por
posicionamiento y para fomentar el orgullo partidista, pero ¿cómo festejar
cuando no hay muchos resultados que mostrar?
El
Gobierno del Estado ha entregado computadoras y recogido cacharros; el Gobierno
Municipal se ha dedicado a cambiar lámparas y el Congreso, pues, ahí está… Yo
me pregunto si los ciudadanos nos sentimos tan contentos con su desempeño como
para festejar. Me pregunto si nuestra calidad de vida aumentó, si hay más
empleos, si estamos más seguros, si nos sentimos contentos con nuestros
gobernantes.
También
el lunes pasado se festejó un aniversario más de la fundación del Puerto de
Progreso, el más importante del sureste y por supuesto del Estado. Parece que
nadie se acordó, pasó totalmente desapercibido y ni el Gobernador ni todos esos
políticos orgullosos de su estado tuvieron a bien dedicarle aunque sea los 140
caracteres que comprende un tuit.
Así
mismo, esta semana el Juzgado Tercero de Distrito otorgó un amparo a Javier y Ricardo
para que puedan casarse. Ahora el Registro Civil tendrá que celebrar la unión,
a menos que decidan solicitar un recurso de revisión. Importante hecho, sin
duda, del cual ninguna autoridad, político o persona pública ha emitido
comentario.
Pero
eso sí, todos publicaron en sus cuentas que estaban en el festejo con el
Gobernador o con al Alcalde. Definitivamente todos tenemos prioridades.
Y
en cosas verdaderamente irrelevantes, ahora nos salen con que quieren cambiarle
el nombre a la Glorieta de la Paz. Como diría Juan Gabriel ¿pero qué necesidad?
La realidad es que esa siempre será la glorieta de Burguer King.
Finalmente,
agradezco sus comentarios a la columna de la semana pasada. Entre éstos recibí
dos mails muy distintos: uno que decía que los yucatecos “no necesitamos de tanta basura que está llegando de los otros estados
que solo vienen a contaminar nuestra forma de vivir.” El otro se trataba de
un yucateco que vivió 40 años fuera de su estado y al regresar sufrió la misma
discriminación. Ambos confirman mi hipótesis. También he notado que varios
medios han dejado de señalar el origen de los delincuentes, cuando menos en las
redes sociales, lo cual me llena de gusto. Ahora falta que los políticos y
autoridades se unan. Agradezco al Alcalde de Progreso su mensaje de
solidaridad, fue el único que se pronunció. Si usted no se enteró del tema, lo
invito a que vea el programa Sin Ruido de esta semana, lo puede encontrar en
Youtube (disculpe el comercial) en el que hablamos de la xenofobia. Ahí le
encargo.
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