Con la resolución del Tribunal Electoral declarando a Rolando Zapata Bello como Gobernador electo de Yucatán, y a unos días del cambio de gobierno, por fin podemos dar por terminada la contienda electoral del 2012. Personalmente califico a esa elección como de aprendizaje para el PRI, cuya hegemonía pareciera que está desapareciendo gracias a la derrota en la capital yucateca.
¿Cuáles fueron los factores que influyeron? Desde mi punto de vista, fueron tres:
1. Repudio a autoridades. Definitivamente la administración municipal meridana (priísta) dejó mucho que desear, inclusive a ojos de los mismos priístas. Si bien se quiso fomentar una imagen de similitud a la Gobernadora, AAL no consiguió mantener esa aceptación entre la ciudadanía. En Mérida no ganó el PAN, más bien perdió el PRI.
Tampoco se puede perder de vista a la Gobernadora, cuyo desgaste propio de fin de sexenio influyó. La percepción de dejar las obras de infraestructura para el último momento afectó en la aceptación de la ciudadanía, que aunque no cayó dramáticamente, si fue más evidente.
Y no olvidemos a los Diputados. Esa mezcla de jóvenes carismáticos e inexpertos en el oficio legislativo; con los experimentados abogados y ex funcionarios que aún cargan con una imagen de viejo PRI. Si bien fue la Legislatura con más iniciativas y reformas aprobadas, a fin de cuentas, la ciudadanía no logra borrar de su mente la mala imagen que tiene de la figura del diputado.
Lo resumo con lo siguiente: cuando a la gente se le pregunta cómo gobernaron las autoridades y qué cosas buenas y malas hicieron, su respuesta es la siguiente: de IOP dicen que si ayuda y les cae bien; a AAL la asocian con el concierto de Shakira, más como crítica que como elogio; y de los Diputados no saben qué decir.
2. Candidatos poco carismáticos. Tomemos como comparativo la campaña de 2010, que ha sido una de las más exitosas para el PRI de los últimos años y una de las más recordadas para la ciudadanía.
Pasamos de tener guapos y jóvenes candidatos a tener simplemente candidatos; pasamos de tener aspirantes que podíamos seguir en las caminatas, a tener aspirantes que podíamos seguir solo en las redes sociales (muy mal administradas, cabe mencionar). Ahora no tuvimos estrellas a las que la gente le pidiera sus autógrafos e hiciera filas para tomarse fotos con ellas.
En 2012 tuvimos pocos jóvenes que dieran una imagen aspiracional y muchos viejos conocidos con una imagen muy posicionada. Y no quiero decir que unos sean mejores o peores, definitivamente las circunstancias cambiaron y el acercamiento con la gente ahora fue más frío y reservado.
3. Campaña poco empática. En mi experiencia investigando la respuesta de la ciudadanía a las campañas políticas, la gente necesita algo que les haga identificarse y les encienda de nuevo la esperanza en la política. Si escuchan algo que los motive, lo van a aceptar, pero si escuchan algo que les indique que los van a abandonar, lo van a rechazar. Eso pasó con el eslogan priísta “Orgullo y Compromiso”. Era una situación ambigua, en la que la gente aceptaba gustosamente el compromiso que los candidatos estaban haciendo con ellos, pero desaprobaban el orgullo, el cual entendían como sinónimo de soberbia o presunción.
Como lo dije al inicio, la jornada electoral que acaba de terminar fue de aprendizaje y lo que viene para el PRI debe incluir un replanteamiento de sus estrategias de comunicación: publicitar menos para comunicar más. El camino para la recuperación de Mérida será largo, el PAN solo tiene que regresar a una excelencia en los servicios públicos. Veremos si le alcanza el tiempo al nuevo gobernador para lograr un empuje importante que pueda transmitir al nuevo candidato a la alcaldía, tal como hizo IOP con todos los candidatos priístas. Yo, al día de hoy, no veo a ninguna figura con la fuerza necesaria para ganar. Frase para los aspirantes: Un político nunca deja de estar en campaña.
