domingo, 19 de agosto de 2007

Los treinta



Bueno, después de mucho tiempo sin escribir, hoy por fin me regresaron las ganas de sentarme frente a la computadora a hacer algo más que navegar en Internet o jugar. Creo que la última vez que escribí algo fue cuando vivía o acababa de irme de Monterrey. Mucho ha pasado y todo está igual.

Cumplí 30 este año. Hace aproximadamente un mes Raúl, un alumno/amigo, me preguntó si me había dado la famosa crisis de los 30 y yo respondí de inmediato que no. Mi cumpleaños fue en Abril, ahora estamos a Agosto y creo que me apresuré en mi respuesta negativa. Recuerdo cuando iba en la secundaria, estaba segura que cuando cumpliera 25 años ya estaría casada, con hijos y con una carrera exitosa… ni siquiera cabía en mi mente pensar en los 30. En la Universidad pensaba que a los 30 sería una excelente edad para pensar en tener hijos, ya que para ese entonces ya gozaría de un prestigio profesional inmejorable, ya habría viajado a todas partes y ya habría hecho de todo. Mientras estudiaba la maestría, me imaginaba que cuando tuviera treinta iba a pertenecer a esos jóvenes ejecutivos que salen en los anuncios de televisión, exitosos, con una imagen impecable, con el éxito escrito en sus frentes y con una seguridad evidente a miles de kilómetros de distancia.

Ahora tengo treinta… y el panorama aún no está muy claro. Ya no soy una niña, oficialmente dejé de ser joven y, aunque no me salvo de las presiones sociales, me he dado cuenta de que tengo que empezar a hacer las cosas que me gustan. Lo interesante aquí es cómo me di cuenta de eso: a la temporada electoral que se vive en el estado. Laboralmente, estoy a cargo del área de comunicación en un área de Gobierno, la cual no es relevante especificar. Mi trabajo consiste, entre otras cosas, en hacer públicas las acciones que se realizan en el área a la que pertenezco, cuidar la imagen y generar una opinión pública favorable. Debido a que habrá un cambio de gobierno próximamente, en noviembre para ser exacta, la ley nos prohíbe publicitar cualquier programa social que pudiera influenciar la decisión del electorado a favor de algún partido o candidato político. Por lo anterior, mis obligaciones laborales se han reducido notablemente. Había veces que no tenia tiempo ni para tomarme una taza de café. Ahora tengo tiempo para tomarme toda la cafetera si quisiera. Mi día transcurre entre algunos pendientes de oficina, navegar en Internet, preparar mis clases y, ocasionalmente, chatear con algunas, muy contadas, personas.
Demasiado tiempo libre me ha hecho reflexionar sobre mi vida en la actualidad, especialmente en el aspecto laboral. A pesar de que me considero realista, creo que en el fondo soy una idealista. Creo totalmente que una persona con convicción puede ayudar a cambiar el mundo; yo tengo convicción, creo que con el trabajo que realizo, tanto en gobierno como con las clases en la universidad, estoy contribuyendo con mi grano de arena a que el país sea mejor, con gente segura de si misma, informada y con una visión de que en la vida uno puede llegar a ser lo que uno quiera, porque no hay nada que nos pueda detener. Siempre he creído en el poder de una persona… ahora no estoy tan segura de que esa persona sea yo. Ya no me entusiasma ir a trabajar, me fastidia tener que salir de mi cama en las mañanas para ir a la oficina y lidiar con los chismes burócratas, los gritos de las secretarias, las malas vibras, la impotencia de querer hacer más y no poder hacerlo. Lo grave es que no nada mas me fastidia mi trabajo, también me fastidia que la cuidad es muy pequeña, que la gente es muy hipócrita, que conozco a mucha gente pero tengo muy pocos amigos, que tenga que salir sólo los fines de semana y, en lugar de hacerlo para divertirme, lo haga por compromiso (porque alguien me invitó y me dio pena decir que no, porque vamos a ir al nuevo bar de alguien más, porque es la despedida o la bienvenida de otra persona o porque hay visitas), me fastidia ver que hay gente que sin mucho esfuerzo tiene todo. No estoy contenta y creo que es momento de hacer algo...
Tanto ocio me ha ayudado a recordar lo que siempre he querido hacer y no he hecho. Como estudiar algo más, tal vez gastronomía; desaparecerme un fin de semana para irme a tomar fotos por ahí, a donde la carretera me lleve, sin un rumbo fijo; viajar, aventarme en paracaídas, descubrir algún truco de magia, ganar un concurso; hablar con desconocidos, discutir temas de política, religión y fútbol; escribir y que la gente que me leyera supiera como es mi país: único, majestuoso, variado, contradictorio, solidario…; trabajar en la administración pública, en algún área de turismo o comunicación, vivir en un fraccionamiento privado y tener un Mercedes de lujo, plateado por supuesto, en la puerta; tener un hombre a mi lado, seguro de si y de mi, sin dramas, sin celos, sin estereotipos, con igualdad y con amor. Al final todo se reduce a querer ser feliz.

Ahora que lo pienso, todas son cosas que no son difíciles de conseguir. Ya estoy escribiendo de nuevo, estudio derecho y la verdad me encanta. He viajado mucho por México y en el último mes he conocido gente impresionante. El año que viene será decisivo para mí. Lo más probable es que me quede sin trabajo en gobierno y, más que verlo como un problema, lo veo como una oportunidad. El nuevo trabajo , el soñado, tendrá que esperar, igual que el coche y la casa. Ahora mis energías las concentro en irme de viaje. Me iré a Italia, un mes cuando menos y sin ningún plan trazado… quizá sería buena idea estudiar gastronomía allá. El resto de la lista creo que puedo completarla en este tiempo, inclusive lo del hombre a mi lado… si es como lo quiero, me esperará… o se irá conmigo. Aunque, pensándolo bien, siempre he tenido la sensación de que voy a terminar con un extranjero… quizá sea buena idea dejar ese punto en pausa.
Si ahora me preguntara Raúl sobre mi crisis de los treinta le diría que si me dio, y que agradezco que me haya dado porque me ayudó a rescatar mis sueños. ¡Los treinta son una buena edad!
Se aceptan sugerencias.